sábado, 17 de diciembre de 2011

La marioneta (III)

Con la llegada de la Navidad la casa de Doña Engracia y, por consiguiente la habitación de las muñecas, se engalanó con guirnaldas y bolas de colores pero ni eso hizo que Lita esbozara siquiera una sonrisa ¡Con lo que ella disfrutaba de esa época en la tienda de Don Manolo! Le parecía estar viendo aquellas cintas de espumillón que decoraban el borde del escaparate en el cual se representaba un nacimiento del que todos los muñecos eran protagonistas. Pero ese recuerdo lo único que hizo fue entristecer más a la pobre marioneta.
Los días de Nochebuena y Navidad la mansión de Doña Engracia se llenaba de gente, música y alegría. Su hijo Antonio, su nuera Elena y la hija de ambos, Martina, llegaban para pasar esos días en compañía de la señora que los colmaba de atenciones, sobre todo a la pequeña.
Lo primero que hizo la niña tras saludar a su abuela fue pedirle que le enseñara sus juguetes pues disfrutaba muchísimo admirando cada año las nuevas adquisiciones de la anciana.

Fue un flechazo. En cuanto los ojos de Martina se posaron sobre Lita ya no pudo seguir mirando pues quedó prendada de la marioneta. Puede que fuera su dulce rostro o la tristeza que transmitía pero desde aquel momento, la niña decidió que tenía que cuidarla y hacer que fuese feliz.

No le costó mucho trabajo conseguir la muñeca pues Doña Engracia adoraba a su nieta y nunca le negaba nada. Como le contestaba a su hijo cuando éste le recriminaba que concediera todos los caprichos a Martina: “Para eso estamos los abuelos, para mimar a nuestros nietos”.
Lita no se lo podía creer cuando la puerta de su vitrina se abrió y de las manos de Doña Engracia pasó a los brazos de Martina que la estrechó en ellos como nunca nadie lo había hecho. De todas maneras, no quiso hacerse ilusiones, quizá fuera un cambio momentáneo y no tardaría en volver a su encierro, pero aún así disfrutaría del cariño de la niña todo lo que pudiera.
Pero después de las celebraciones navideñas el momento de la despedida llegó y no, Lita no salió de los brazos de Martina que no la había soltado ni un solo segundo. Se fue con ella a su casa y día tras día, gracias a la atención y al cariño de la pequeña, la marioneta recobró el brillo de sus ojos, la sonrisa de su boca, su vestido volvió a lucir como cuando era nueva y sus colores volvieron a relucir como en los tiempos del teatrillo.
¿Que si Lita fue feliz? No, no lo fue, lo sigue siendo y es que Martina la ha cuidado como oro en paño y se la ha llevado con ella a todas partes, porque aunque aquella niña ahora ya es toda una mujer su marioneta la acompaña allí a donde va.
Y colorín colorado…

Geno Mesa

Espero que os haya gustado el final del relato ;-) 
Dibujos sacados de la red

9 gotitas:

chema dijo...

qué bien, geno, el final feliz que muchos estábamos deseando!! muy buena idea ambientarlo en navidad y sacarlo coincidiendo ahora que esa época se acerca. lo mejor de todo, saber que la marioneta lita sigue siendo feliz con el paso de los años, aunque la niña que la ha adoptado se haya hecho mayor. ;)

cloti dijo...

Pues sí, y mucho. Qué bien escribes, Geno, da gloria leerte.
Bssssssss
Cloti

BLAS dijo...

Qué preciosidaaaaaad... Digo lo mismo que Chema, que ha sido un acierto por tu parte acabar el relato justo en tiempos de Navidad. LAs fechas más importantes para muñecas y juguetes, niños, ilusiones y regalos.
Te ha quedado tierno, entrañable y hermosísimo este relato, Geno.

Gracias!

Geno dijo...

¡¡Gracias, chic@s!! Me alegro mucho que os haya gustado mi relato y os agradezco todos esos piropos y buenas palabras que me decís ¡si me voy a sonrojar y tó!
La verdad es que la historia de Lita solo podía tener un final feliz XDDD

Bertha dijo...

OH OH OH que bonito, me encantan los cuentos con un final feliz,que mano tienes con los relados, jolines te envidio...

Geno dijo...

Gracias, Bertha! Y no me envidies, escribe, que tú cada vez lo haces mejor

Elphaba dijo...

Pues muy tierno, querida Genomiya. Un gran homenaje a todos esos objetos del pasado que son mucho más que cosas :)

Geno dijo...

Gracias, Elphaba, me alegro que te guste :-)

Gen dijo...

¡Una amable y tierna historia muy apropiada para estas fechas!
Bss!