... no se come en ninguna parte. O al menos eso decimos los asturianos. Supongo que el resto del mundo lo dirá de su tierra. Lo que sí tengo claro es que, mejor o peor que en otras partes, por aquí se come muy bien y tuvimos fe de ello en la cena de ayer.
Nuestra
estherasturiana exiliada vino a pasar unos días y nos apresuramos a preparar cena de encuentro y, además, de su cumpleaños. Así que supondréis que no faltó de nada: comida, bebida, regalos... Primero unas sidras para ir entonando y luego a la comilona: tabla de embutidos y quesos asturianos, tortos con picadillo, chipirones, croquetas y pastel de cabracho. Fuimos a una sidrería que no hace mucho que abrió frente a la playa de Poniente, un local gigantesco pero atestado de gente, no quedaba mesa libre.
Y no os creáis que fue sencillo escoger el menú. Las op
ciones de la carta son variadísimas y a las once y media de la noche todo te apetece y suena delicioso. Por suerte, no solo sonaba delicioso sino que también lo estaba. Aunque lo que verdaderamente nos maravilló y nos dejó un auténtico buen sabor de boca, intentando olvidar que nuestros estómagos estaban a rebosar, fue el postre, una rueda de postres asturianos a cada cual más rico: arroz con leche, tarta de avellana, frixuelo, tocinillo, tarta de queso... Y la rueda giraba y giraba...
Conclusión: por unanimidad, la "sede social" de las quedadas estherasturianas se traslada a este local.