Este mes en el foro de Trini Tinturé (http://groups.msn.com/TriniTintureunavidaatodocolor) hemos preparado un concurso de historias basado en "Los extraordinarios relatos de Tio Arthur". Aprovechando este y el tema de "ranas" de Albanta, esto es lo que me ha salido (y he matado dos pájaros de un tiro). A ver que os parece.
Charlie estaba emocionado. Este era su momento favorito de los quince días que pasaba desde hace ya cuatro veranos, en el campamento Frog’s Hunter. Haciendo honor a su nombre, esa noche se dirigirían al pantano situado en el centro del bosque colindante a cazar ranas. Poco antes de la medianoche se reunieron todos provistos cada uno de una linterna y un cesto.
—No os separéis y permaneced en la orilla del pantano. No os preocupéis por perseguir a las ranas. Ellas acudirán a la luz de vuestras linternas.
Fueron algunos de los consejos que les dieron los monitores antes de partir. Se repartieron en cuatro grupos, uno por cada cabaña de que constaba el campamento, con un monitor y emprendieron la marcha.Se internaron en el bosque por un angosto sendero a veces casi impracticable debido a la maleza que lo rodeaba. En cuanto avanzaron unos metros empezaron a oir el croar de las ranas. A Charlie le latía el corazón aceleradamente.
—El año pasado conseguí cazar dos— calculaba en su mente— esta vez tengo que superarme.
Llegaron a un claro en cuyo centro se hallaba el pantano.
—Recordad todo lo que os hemos dicho— insitieron los monitores— Lo más importante: ¡No os separeis!
Charlie comenzó la busqueda. Se acercó a la orilla con mucho cuidado mientras desplazaba la luz de la linterna sobre las rocas, de un lado a otro. Fue entonces cuando la vió. Era la rana más grande que se había encontrado nunca y del verde más brillante que podía existir. No solo eso, su croar sonaba como una canción envolvente. Tan ensimismado estaba con su descubrimiento que no se percató de que su grupo se había alejado. Como la rana no se acercaba a su luz, intentó aproximarse aún más pero su pie resbaló en una de las piedras y quedó enredado en una raiz. Gritó pidiendo ayuda pero sus compañeros ya se encontraban lejos y no le oyeron. Charlie comenzó a sollozar.
— No llores, chiquitín— le susurró una voz melodiosa.
—¿Quién habla?— dijo Charlie mirando a su alrededor.
Entonces la vió, allí, a su lado, sonriendo e intentando animarle. Era la rana que había estado persiguiendo.
—No te preocupes, enseguida vendrán a buscarte.
—Pe-pe-pero… pero las ranas no hablan.
—¿Cómo que no? ¿Entonces que es esto que estoy haciendo?
—Debo estar volviéndome loco…
—Quizá a quien le cuentes esto piense así, pero puedes estar tranquilo—replicó la rana—Simplemente vi que me perseguías y que por culpa de eso te diste un resbalón. Creo que me corresponde ayudarte, me siento un poco culpable.
Charlie no recuerda cuanto tiempo habló con la rana ni en que momento se quedó dormido… o desmayado. Solo notó, al cabo de lo que él cree apenas unos minutos, que alguien lo agitaba y gritaba:
—Charlie, Charlie ¡¡Aquí está, le he encontrado!! ¡¡Está bien!!
Por supuesto cuando Charlie contó su aventura con la rana, como le había ayudado dándole ánimos y acompañándole, nadie le creyó pero el nunca olvidaría como le sonrió y guiñó uno de sus grandes y saltones ojos cuando se lo llevaban en la camilla camino del campamento. Estaba convencido de que una noche de estas acudiría a visitarlo, para ver si se había recuperado.