martes, 23 de febrero de 2016

Relato: La fiesta

El sonido fuerte y seco de los primeros petardos avisan al pequeño pueblo de que falta una hora para la misa que da inicio a la celebración del día grande de las fiestas patronales un año más.
En cada casa las familias se afanan en dar los últimos toques a su aseo personal y a las ropas nuevas. Y es que si alguien el día de la fiesta no estrena modelito puede dar por seguro que se convertirá en la comidilla de la parroquia por varios meses.
Con una perfecta sincronización que se pensaría preparada, la gente empieza a desfilar de su casa a la plazoleta que hay delante de la iglesia. Allí aprovechan para saludarse y ponerse al día de los últimos cotilleos hasta que el cura los llama al orden. La ceremonia debe comenzar. La charla puede proseguir tras el servicio y la procesión.
Se acerca la hora de la comida. Los encargados de prepararla corren a sus casas a dar los últimos toques al asado y comprobar que los bizcochos han subido bien. Para una vez al año que reciben invitados no pueden quedar mal. Mientras, el resto se reúne en el único bar del pueblo a tomar un aperitivo que les abra el apetito. No deja de ser una excusa como otra cualquiera para continuar la charla anteriormente interrumpida por el párroco.
Poco a poco el bar se va vaciando a la par que se llenan las casas. Las familias se apretujan alrededor de mesas de comedor poco acostumbradas a tener tanta gente a su vera. Hay lugares en los que los niños deben comer en una mesa aparte puesto que no caben todos en la misma.
La sobremesa se alarga durante horas. No hay prisa, hoy no hay siesta ni tareas pendientes. Se han cuidado mucho de dejarlo todo hecho para poder disfrutar del día de la patrona sin preocupaciones.
Una nueva salva de fuegos anuncia que el baile está a punto de comenzar. La orquesta está lista para hacer que grandes y pequeños muevan el esqueleto al ritmo de los éxitos del momento y algún que otro del pasado.
Los niños impacientes corren en avanzadilla hacia la explanada de las afueras del pueblo donde se han montado el escenario y una barraca que calmará la sed de los incansables bailarines que no pierden pieza.
Las horas transcurren rápidas y sin apenas darse cuenta llega la medianoche. El oscuro cielo del pueblo tan solo marcado por unas docenas de estrellas se llena de ruido y luces con los fuegos artificiales que anuncian el fin de fiesta.

Tras las despedidas con las consiguientes promesas de reencontrarse al año siguiente las familias se van dispersando cada una hacia su casa donde aún alargan un poco más la velada comentando las incidencias de la jornada.
Cansados de tanto trajín pero felices, todos duermen con una sonrisa en la boca. Al día siguiente cada cual volverá a los quehaceres y rutinas de cada día descontando, eso sí, los días que faltan para la fiesta del siguiente año.

Geno Mesa 24-01-2016

7 gotitas:

chema dijo...

estupendo relato, que me ha trasladado a ese ambiente de los pueblos, donde todo el mundo se conoce. y la foto de los fuegos artificiales, que deduzco por la firma que la hiciste tú, es preciosa!

Zelgadiss dijo...

Muy bien contado, me lo puedo imaginar perfectamente mientras lo leo. ^_^
¿Ha quedado bizcocho de ese que dices? Mmmmm!!!

Geno dijo...

¡Gracias Chema! Me he basado para escribirlo en la fiesta de mi pueblo a la que íbamos cuando eramos niñas. De mayores también fuimos algún año pero ya no era lo mismo jejeje. Si, la foto es mía, de lo más decente que pude hacer el día de los Fuegos de Gijón jejeje
Bien, me alegro, Zel, de eso se trata ¡Gracias! (me temo que no, no queda ni una miga, estos de los pueblos que comen como limas XDDDD)

momentoparapensar dijo...

Muy bien plasmado el ambiente y el ritmo de una fiesta patronal. Me ha encantado la sobremesa sin prisas...
Besicos.

Gen dijo...

Qué decir que no hayan dicho ya los anteriores comentaristas. Me ha encantado :)

Merchi dijo...

Ohhh, me ha parecido estar viendo alguna típica fiesta rural, qué bien descrito. Llevo mucho tiempo sin entrar por aquí porque he tenido problemas informaticos,pero espero volver a meterme de lleno en tu nube. Un besito, guapa.

Geno dijo...

Como se disfrutan esas sobremesas ¿verdad? ¡Gracias momentoparapensar!
¡Gracias Gen! Me alegro que te guste :-)
¡Gracias, Merchi! Bienvenida de nuevo, ya sabes que tienes tu huequecito aquí, sin problema