

. . .la música que escucho, los libros que leo, las cosas que escribo, la tele que veo, las fotos que hago... mis circunstancias y yo...
En resumen, algo menos de dos horas que se pasaron en un suspiro entre risas y canciones. Ahora quedamos a la espera del nuevo disco de los chicos llamado "Picnic extraterrestre" que, por lo que he leido, no tardará en salir y deseando que Gijón sea parada y posta en su nueva gira.
Era costumbre por San Valentín que las chicas regalaran chocolates al chico que les gustaba, a ser posible de elaboración propia. Así que allí estaba ella ataviada con el mandil materno, rodeada de ingredientes y leyendo y releyendo la receta para que todo saliese bien.
Le recordaba desde el primer día de guardería e incluso podía asegurar sin temor a equivocarse que se había enamorado de él en ese momento. Y es que con su sonrisa encantadora y su mirada ya de aquella picarona, conquistaba a todo el que se pusiese por delante. Habían compartido aula durante toda la edad escolar aunque nunca habían intercambiado ni media frase. Raro ¿no? Ella era tímida y él siempre estaba rodeado de montones de admiradoras y admiradores que tampoco propiciaban un acercamiento. Ella se sentaba siempre en primera fila y estaba tan centrada en sus estudios que apenas se relacionaba con nadie. Él siempre era el centro de atención y tenía tantos eventos sociales que por la biblioteca, segunda casa de la muchacha, se pasaba poco.
Este era el último año de bachillerato y seguramente sus caminos se separarían: diferentes carreras, diferentes universidades y puede que incluso alguno se mudase de ciudad. Por eso era o ahora o nunca. Prepararía esos chocolates y se los entregaría a pesar de que la vergüenza hiciese de esa misión algo poco menos que imposible. Eran ya demasiados años callando.
Era costumbre por San Valentín que las chicas regalaran chocolates al chico que les gustaba y él todos los años recibía un montón de cajas. Casi todas sus compañeras se esmeraban en prepararle los más ricos bombones. Salvo ella.
La recordaba desde que entró en el aula del parvulario, tan seriecita con su vestido rosa. Desde entonces siempre había estado allí, tan cerca y a la vez tan lejos. Tantos años compartiendo clase y nunca había tenido valor para hablar con ella a pesar de que con el paso del tiempo le había ido gustando cada vez más ¿Puede uno enamorarse de alguien con quien no ha cruzado ni una sola palabra? Pues sí, a él le había pasado ¿Por qué se había fijado en ella si él le era totalmente indiferente? O quizá esa fuera la razón. Mientras el resto se desvivía por llamar su atención ella apenas le miraba ¿Era esa indiferencia la que le había atraído? Quizá en un principio sí pero ahora, solo la idea de no volver a verla se le hacía inconcebible.
Y el tiempo se agotaba. Estaban en el último año de instituto y puede que nunca más se volvieran a ver. Por eso y sin saber de donde iba a sacar el valor, esta vez le pediría una cita.
Geno M.
Gran parte de este dorama lo pasamos viendo a Makoto pedir y comer yakisoba. Literalmente son tallarines (soba) fritos (yaki) y su origen es chino. Hoy puedo confirmar que están bastante buenos. No puedo negar que viendo a Mako-chan comer estos fideos con tanta ansia me apetecía mucho probarlos así que en cuanto vi en un folleto del supermercado el anuncio me fui a por ellos. Hoy probé los clásicos y me queda un paquetito al curry.
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