jueves, 7 de enero de 2010

El tiovivo (minirrelato)

Mientras giraba y giraba, recordaba. Le encantaba ir a casa de los abuelos en verano. Desde la ventana más alta veía la feria y allí, destacando a sus ojos entre todas las atracciones, el tiovivo. Podía pasarse horas viendo como aquellos caballitos subían y bajaban mientras daban vueltas al ritmo de la música. Disfrutaba viendo como los niños soltaban carcajadas mientras saludaban con la mano a sus padres que les esperaban sonrientes pegados a la valla.
Nunca la llevaron a aquel mundo de diversión. Sus padres estaban demasiado ocupados como para “perder el tiempo”, decían, en esas banalidades. Y los abuelos no se veían capaces. Tenían miedo a que le pasara algo y no saber reaccionar.
Cuando ya fue mayor para ir sola, los abuelos ya no estaban así que las visitas a aquel pueblo se habían terminado. Pero ella no olvidaba la promesa que se había hecho a sí misma en su tierna infancia. Algún día se subiría a aquel tiovivo.
Hoy, ya casada y con sus dos hijos había cumplido su propósito. Incluso su marido se había aupado en un reluciente caballo blanco y reía al son de aquella música de campanillas. Por fin su sueño infantil se había hecho realidad. Quizá el carrusel no fuera el mismo pero era tal y como ella lo había conservado en su mente.
Geno M.
Ilustración: Tiovivo en la feria de Olga Sacharof

14 gotitas:

cloti dijo...

Bonito relato, Geno, cumplir un sueño aunque sea sencillo siempre es estimulante.
Bsssssssss
Cloti

Candela dijo...

a veces es muy importante cumplir esos sueños que dejamos durante años pendientes en la lista... yo sigo tachando, que ya van quedando menos... y creando otros nuevos.

chema dijo...

es un relato muy bonito, geno. está muy bien que la ilusión por las cosas que no se han hecho durante la infancia no se pierda nunca, porque de ese modo siempre se pueden hacer siendo adulto.

Geno dijo...

Nunca se debe perder la ilusión.
¡Gracias por vuestros comentarios chic@s!

Bertha dijo...

OH OH OH... que bonito, me a gustado mucho, esos recuerdos de infancia, son muy bonitos, yo cada vez que paso por un bar de mi vario,que estaba al lado del colejio que iva, huelo lo que han cocinado y me trae recuerdo, y tal vez ni son familia ni nada ya de los que la hacian?

Geno dijo...

Los olores evocan recuerdos muy bonitos, Bertha, aunque a lo mejor no sean los mismos que nuestra memoria guarda

Inma dijo...

Es que sin esas pequeñas ilusiones..apaga y vámonos...

Shirat dijo...

Nunca es tarde. Bonito mensaje.

Estela dijo...

Me ha encantado Geno...

Rousi dijo...

muy emotivo.besin

Geno dijo...

Me alegro de que os haya gustado ¡Gracias!

Susana dijo...

Qué relato tan bonito Geno!!!! Ese tiovivo existe en la realidad???

anele dijo...

Me gusta tu estilo. Sencillo pero
intenso. Resulta tan fácil leerte...

Geno dijo...

En mi realidad, pues no Susana, no existe pero ¡quien sabe! quizá esté en algún lugar del mundo...
Gracias por tus palabras, Anele